Jean-Michel Gaigné opina sobre el futuro de los puertos deportivos

Como consultor, gestor portuario, representante electo y miembro activo de redes internacionales, Jean-Michel Gaigné conoce los puertos deportivos desde todos los ángulos. Desde hace más de tres décadas, acompaña a los puertos deportivos en su evolución estratégica y operativa. Su análisis se basa en una experiencia sobre el terreno enriquecida por una visión internacional de la náutica y el turismo marítimo. Nos ofrece su visión sobre el futuro de los puertos deportivos.

Reconocido experto en el sector portuario y de la náutica de recreo, Jean-Michel Gaigné Lleva más de treinta años colaborando con puertos deportivos, destinos náuticos y agentes del turismo marítimo tanto en Francia como a nivel internacional. Exdirector general del puerto de Saint-Quay Port d'Armor durante más de veinte años, también ha presidido la red europea TransEurope Marinas y participa en los trabajos de varias organizaciones internacionales especializadas en la gestión portuaria.

Como consultor de InXs Marinas y miembro de Global Marine Business Advisors, se dedica a proyectos de estrategia, desarrollo, innovación y análisis de mercados relacionados con los puertos deportivos, los deportes náuticos y el turismo costero. Su trayectoria combina experiencia operativa sobre el terreno, un profundo conocimiento de las expectativas de los navegantes de recreo y una visión internacional de la evolución del sector.

En el texto que sigue, Jean-Michel Gaigné ofrece su análisis de los retos a los que se enfrentan los puertos deportivos y los territorios marítimos. Su perspectiva se basa tanto en su experiencia como gestor portuario y consultor como en su labor como representante electo implicado en cuestiones marítimas y costeras.

Los puertos deportivos ante un punto de inflexión estratégico, por Jean-Michel Gaigné CMM

Los puertos deportivos, que durante mucho tiempo se han regido por un modelo económico estable, deben reinventarse hoy en día. Entre la evolución de los hábitos, la desaceleración del mercado y las nuevas expectativas de los clientes, todo apunta a que es imprescindible un cambio de rumbo.

Un modelo económico demasiado dependiente

La mayoría de los puertos deportivos siguen dependiendo de dos fuentes principales de ingresos: los propietarios de embarcaciones con contrato anual y los navegantes de paso. A esto se suman algunos servicios técnicos ?manipulación, almacenamiento, suministro de agua y electricidad? que, sin embargo, siguen siendo limitados.

En Francia, a diferencia de otros países, los puertos rara vez gestionan directamente las actividades comerciales que giran en torno a ellos (restaurantes, mantenimiento, venta de equipos, alquiler de embarcaciones). Estos servicios suelen ser prestados por agentes independientes, lo que genera pocos beneficios económicos para los gestores, y solo algunos ingresos procedentes de las autorizaciones de ocupación temporal, o incluso del alquiler de superficies construidas, llegan en ocasiones a las arcas del concesionario, lo cual, sin embargo, dista mucho de ser una práctica generalizada.

Este modelo presenta una evidente debilidad: se dirige principalmente a una clientela que ya posee embarcaciones, lo que reduce considerablemente las perspectivas de crecimiento.

Un atractivo desigual de los territorios

No todos los puertos se encuentran en la misma situación. Los situados en zonas turísticas o con un alto poder adquisitivo siguen funcionando bien. Pero otros adolecen de una falta de atractivo, a menudo relacionada con su ubicación o con sus limitaciones prácticas (mareas, esclusas, encallamientos...). Algunos puertos, construidos sin una lógica clara de captación de clientes, tienen hoy dificultades para llenarse.

La lejanía de las grandes ciudades, la accesibilidad limitada, tanto por mar como por tierra, y el envejecimiento de la clientela: todos ellos son factores que frenan su desarrollo. Por el contrario, muchos ejemplos, incluidos los internacionales, demuestran que el éxito se basa en gran medida en la proximidad a una población numerosa y con poder adquisitivo, así como en una fácil accesibilidad desde las grandes metrópolis.

Un mercado en declive, pero con señales alentadoras

Las cifras recientes confirman un estancamiento del sector. En 2025 se matricularon en Francia algo más de 8 300 embarcaciones nuevas, frente a las más de 12 000 de cinco años antes y las más de 20 000 de hace veinte años. El mercado de segunda mano, que durante mucho tiempo se mantuvo dinámico, también está empezando a estancarse.

No obstante, algunos indicadores siguen siendo alentadores. El número de licencias náuticas expedidas se mantiene elevado, en torno a las 80 000 al año, y el mercado del alquiler está en auge. No obstante, esta dinámica beneficia en gran medida a destinos extranjeros como Grecia, Croacia, el Caribe o Italia, donde las grandes empresas de alquiler de embarcaciones cuentan con numerosas bases, pero pone de manifiesto un verdadero interés por la navegación.

Hay muchos practicantes, pero se les presta poca atención

La paradoja es sorprendente: los deportes acuáticos atraen a unos 16 millones de franceses, de los cuales 4 millones los practican habitualmente. Sin embargo, gran parte de este público no se convierte en cliente de los puertos deportivos. Las nuevas generaciones prefieren otros usos: alquiler puntual, uso compartido de embarcaciones, experiencias sencillas y flexibles. También buscan prácticas más responsables y accesibles.

Usuos en plena transformación

Los hábitos de navegación también están cambiando. Las estancias prolongadas dan paso a salidas más cortas, a menudo de un solo día. Esta tendencia, acentuada por el aumento de las embarcaciones a motor, reduce el número de escalas y, por lo tanto, los ingresos asociados. Los navegantes buscan cada vez más experiencias rápidas, agradables y orientadas al ocio inmediato, en lugar de cruceros largos y estructurados. Convertir los puertos en auténticos destinos.

Ante estos cambios, es necesario un giro: los puertos deportivos deben convertirse en destinos por derecho propio. Hay que replantearse la experiencia del cliente de principio a fin. Hoy en día, organizar un fin de semana en el mar sigue siendo complicado: encontrar una empresa de alquiler, organizar el transporte, coordinar los servicios... tantos pasos que disuaden a los nuevos clientes.

En el futuro, la oferta deberá ser sencilla, fluida e integrada. Al igual que en un viaje turístico convencional, debería ser posible reservar con unos pocos clics una experiencia completa: transporte hasta el muelle, alojamiento, barco, actividades, restauración e incluso asesoramiento personalizado.

Una transformación imprescindible

El objetivo es claro: ampliar la clientela más allá de los simples propietarios de embarcaciones e incitar a todos aquellos a quienes les atrae la navegación de recreo a acudir a un puerto deportivo, donde podrán satisfacer su deseo. ¿Por qué, por ejemplo, los puertos deportivos no dispondrían de un barco de muestra, al igual que los promotores inmobiliarios que atraen a los clientes animándoles a imaginarse viviendo allí con pisos piloto?

Para ello es necesario impulsar el alquiler, los clubes náuticos y una mejor coordinación entre los agentes locales. De lo contrario, los puertos corren el riesgo de quedarse al margen de las nuevas dinámicas del mercado, en beneficio de operadores más innovadores y ágiles, especialmente a escala europea, algunos de los cuales ya llevan una ventaja considerable.

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